Texto y fotografías por: Nestor López

La gira “Return of the Robot” de Dance Gavin Dance llegó a su fin anoche en el emblemático SOMA de San Diego, y lo hizo dejando una marca imborrable en quienes vivieron esa última explosión musical. Con un cartel poderoso que incluyó a The Home Team, Belmont y Dwellings, la velada fue más que un concierto: fue una celebración emocional, una catarsis colectiva y un acto final a la altura de una banda que no se guarda nada.

La noche comenzó con Dwellings, proyecto de Sacramento que trajo un aire psicodélico, técnico y melódico. Su propuesta, influenciada por The Mars Volta y Circa Survive, fue recibida con respeto y atención, plantando la semilla de lo que se convertiría en una noche intensa.

Belmont tomó el relevo con un sonido más directo, combinando el espíritu del easycore con matices emo y toques progresivos. Su set fue rápido, efectivo y con punch: dejaron claro por qué merecían estar en esta gira, tras su incorporación de último minuto.

Luego llegó el turno de The Home Team, que se robaron la ovación del público previo al headliner. Su fusión de funk, pop-punk y riffs pesados es simplemente adictiva. Brian Butcher (voz) mostró una versatilidad vocal impresionante, mientras la banda entregaba temas como Slow Bloom y Brag con una energía contagiosa. El pit se encendió, las voces se unieron, y el escenario quedó listo para lo inevitable.

Cuando las luces se apagaron y el logo de Dance Gavin Dance iluminó la sala, la atmósfera cambió. El público sabía que estaba por comenzar la última presentación de una gira intensa, y lo recibieron como se debe: con gritos, saltos y un mar de manos en alto.

El set arrancó con “Speed Demon”, desatando un vendaval inmediato. Siguieron himnos como “War Machine”, “Midnight at McGuffy’s” y los clásicos “The Robot With Human Hair Pt. 2½” y Pt. 3, en una ejecución milimétrica.

En escena, la alineación actual brilló sin fisuras:
Will Swan, eterno arquitecto del sonido DGD, fue un titán en la guitarra.
Jon Mess, pura fuerza desgarrada, llevó su gutural a límites emotivos.
Andrew Wells, con voz limpia y presencia cada vez más sólida, se ha consolidado como una pieza clave del presente y futuro de la banda.
Matt Mingus, impecable desde la batería, sostuvo con precisión quirúrgica cada viraje rítmico.

Completaron el line-up Sergio Medina (bajo) y Martin Bianchini (guitarra rítmica), quienes aportaron groove, cuerpo y estabilidad a un set que nunca bajó la guardia.

Momentos especiales no faltaron: Blue Dream provocó lágrimas entre los más fieles, mientras Uneasy Hearts Weigh the Most se convirtió en un canto común que resonó por todo SOMA. El cierre, con All the Way Down, fue una especie de despedida sin palabras, un “gracias” a través del sonido.

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