Fotos por: Jay Austria

El pasado 04 de octubre, la ciudad de Tijuana se convirtió en epicentro de emociones cuando Enjambre presentó su tour Daños Luz ante un público que abarrotó el recinto con la expectativa de vivir una velada inolvidable. Y lo fue. Bajo una luna espectacular que parecía coreografiada para la ocasión, la banda zacatecana desplegó un repertorio que recorrió sus grandes éxitos y reafirmó por qué siguen siendo una de las agrupaciones más queridas y vigentes del rock alternativo en español.

Una apertura cargada de energía

Desde los primeros acordes de Juguete, la atmósfera se transformó. El público, que llevaba horas aguardando con camisetas, vinilos y pancartas en mano, estalló en gritos cuando las luces se apagaron y la banda apareció en escena. El arranque con temas de su más reciente producción Daños marcó el tono de la noche: un equilibrio entre la frescura de lo nuevo y la nostalgia de los clásicos que han acompañado a toda una generación.

El poder de los himnos compartidos

Canciones como “Visita”, “Dulce Soledad” y “Manía Cardíaca” fueron coreadas con tal fuerza que por momentos la voz de Luis Humberto Navejas se fundía con la multitud. Esa comunión entre banda y público es, quizá, el sello más distintivo de Enjambre: logran que cada concierto se sienta como una reunión íntima, aunque haya miles de personas presentes.

Uno de los momentos más emotivos llegó con “Elemento”, cuando la luna llena se asomó sobre el cielo tijuanense y el público encendió las linternas de sus celulares y bueno muchas de las diademas de abejas en sus cabezas, creando un mar de luces que acompañó la interpretación. Fue un instante casi cinematográfico, donde la música y la naturaleza parecían conspirar para regalar un recuerdo imborrable.

Producción impecable y detalles cuidados

El tour Daños Luz no solo se sostiene en la fuerza de las canciones, sino también en una producción visual que potencia cada acorde. Las pantallas proyectaron imágenes abstractas y juegos de luces que dialogaban con la narrativa de cada tema. El diseño sonoro fue preciso: guitarras nítidas, bajo contundente y una batería que marcó el pulso de la noche sin perder matices.

Un detalle que no pasó desapercibido fue la interacción constante de la banda con el público. Entre canciones, los integrantes agradecieron la energía de Tijuana, recordando que la frontera siempre ha sido un punto clave en su historia de giras. Ese gesto de cercanía reforzó la sensación de estar viviendo algo especial, hecho a la medida de la ciudad.

Un viaje por su trayectoria

El setlist funcionó como un repaso por la evolución de Enjambre. Desde los temas más recientes hasta joyas de discos anteriores como Daltónico y Proaño, la banda construyó un relato sonoro que permitió a los fans más jóvenes descubrir canciones que marcaron a quienes los siguen desde hace más de una década.

El cierre, con “Mania Cardiaca” y “Somos Ajenos”, fue un estallido colectivo. Nadie quería que terminara, y la banda lo sabía: alargar los coros, dejar que el público tomara la voz principal, fue su manera de extender la magia unos minutos más.

Más que un concierto, una celebración

Lo que sucedió en Tijuana el 04 de octubre fue más que un concierto: fue una celebración de comunidad, de memoria y de presente. Enjambre demostró que su música no solo resiste el paso del tiempo, sino que se reinventa con cada gira, encontrando nuevas formas de conectar con quienes los escuchan.

La luna, el mar de voces y la energía de la frontera se unieron para crear una noche que quedará grabada en la memoria de todos los asistentes. Y si algo quedó claro es que Daños Luz no es solo el nombre de un tour, sino una declaración de principios: la música puede iluminar incluso en medio de las grietas.

Con Tijuana como testigo, Enjambre reafirmó su lugar en la historia del rock en español y dejó la promesa de que cada ciudad que visite esta gira vivirá su propia versión de esta experiencia irrepetible.

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