
texto y fotografías por Néstor López (@njlopezcornejo)
La noche del viernes 2 de octubre, Gallagher Square, en Petco Park, se convirtió en el escenario de una celebración que trascendió la música. The Growlers regresaron a San Diego para reencontrarse con una audiencia que ha acompañado su trayectoria durante años, en una presentación marcada por la cercanía con sus seguidores, un extenso recorrido por su discografía y un guiño especial a la comunidad mexicana que cruzó la frontera para acompañarlo.
Sin bandas abridoras, la espera terminó a las 9:00 p. m., cuando The Growlers tomaron el escenario para comenzar una presentación de largo aliento. Desde los primeros acordes de “Drinkin’ the Juice Blues (Hashima)”, la agrupación dejó claro que la noche estaría dedicada a recorrer distintas etapas de su catálogo, recuperando ese sonido que combina surf rock, garage, psicodelia y melodías de espíritu despreocupado, característico de su identidad musical.

Con Brooks Nielsen al frente, la banda desplegó un repertorio de 30 canciones que mantuvo la energía durante toda la velada. Temas como “Naked Kids”, “One Million Lovers”, “Gay Thoughts”, “Dope on a Rope” y “Someday” encontraron respuesta inmediata entre los asistentes, muchos de los cuales acompañaron las interpretaciones de principio a fin.
Más que una sucesión de canciones, el concierto se sintió como un reencuentro entre la agrupación y su público. La interacción desde el escenario y la respuesta de los asistentes construyeron una atmósfera cercana, en la que la audiencia no se limitó a observar, sino que se convirtió en parte activa del espectáculo. Entre coros colectivos y momentos de celebración, Gallagher Square fue testigo de la vigencia de una banda que ha construido una relación especial con sus seguidores a lo largo de los años.

Uno de los momentos más significativos de la noche llegó con “Tijuana”, una de las canciones más reconocibles de su repertorio para el público de esta región. Antes y durante la interpretación, el vínculo entre San Diego y su ciudad hermana se hizo presente, con un saludo fraternal que reconoció a Tijuana y a todos aquellos que viajaron desde México para formar parte de la velada.
La reacción del público mexicano fue especialmente emotiva. La canción adquirió una dimensión distinta al escucharse tan cerca de la ciudad que le da nombre: las voces de los asistentes se sumaron a la interpretación, transformando el tema en un punto de encuentro entre dos ciudades que comparten mucho más que una frontera geográfica.
En una región donde la música funciona como un lenguaje común entre comunidades separadas por una línea internacional, el momento representó uno de los gestos más genuinos de la noche. No se trató únicamente de interpretar una canción, sino de reconocer la presencia de una audiencia que ha hecho de la conexión cultural entre ambas ciudades parte de su identidad cotidiana.

Lejos de limitarse a una selección de éxitos, The Growlers ofrecieron una experiencia extensa que permitió recorrer las diferentes facetas de su propuesta musical. El resultado fue una noche en la que la nostalgia convivió con la energía de una presentación en vivo, mientras los seguidores respondían a cada nueva canción con la familiaridad de quienes han hecho de esta música parte de su propia historia.






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