Treinta años después de que un vaquero de trapo nos dijera «hay un amigo en mí»,  estrena Toy Story 5 justo cuando más lo necesitamos: no para revivir la infancia, sino para entender qué hacemos con ella ahora que nuestros hijos prefieren deslizar que abrazar.

Se estrena el 19 de junio en Estados Unidos y desde el 18 de junio en Latinoamérica, dirigida por Andrew Stanton con codirección de McKenna Harris, y es la primera de la saga principal con clasificación PG en lugar de G. No es un dato menor: esta vez Pixar no viene a arrullar.

¿De qué va sin arruinarte nada?

Woody volvió. Después de irse con Bo Peep al final de la 4, ahora está de regreso con la pandilla. Jessie ha tomado el liderazgo en el cuarto de Bonnie, con Buzz como segundo al mando. Bonnie ya no tiene 5, tiene 8, y su juguete favorito ya no cabe en una caja: se llama Lilypad, una tableta con forma de rana que lo sabe todo, lo contesta todo y nunca se cansa. 

La sinopsis oficial lo resume sin rodeos: Buzz, Woody, Jessie y el resto tienen un trabajo exponencialmente más difícil cuando se enfrentan a esta nueva amenaza para la hora de jugar: la tecnología. Lilypad no es malvada por capricho, es eficiente. Y ahí duele. 

En inglés la interpreta Greta Lee; en español, Belinda le da voz a la villana, mientras Irán Castillo retoma a Jessie como lo hace desde 1999, y Bizarrap se suma como un gnomo de jardín.  y  vuelven, sí, pero esta vez no son los héroes indiscutibles.

Modernidad: el juguete que no necesita ser amado

El tráiler lo dejó claro desde noviembre: «Toy meets Tech». Pixar no sataniza las pantallas, las humaniza. Lilypad no rompe juguetes, los vuelve irrelevantes. Aprende los gustos de Bonnie más rápido que Jessie, propone juegos infinitos, no se pierde debajo de la cama. 

Stanton, el hombre detrás de WALL-E, sabe filmar la obsolescencia con ternura. Aquí hay una secuencia brutal: 50 Buzz Lightyear de «Edición Alta Tecnología» marchando sincronizados, mientras el Buzz original trata de recordar su frase de fábrica. Es gracioso, es distópico, es 2026.

La película no pide que tires la tablet. Pide que recuerdes para qué la enciendes. Cuando Woody intenta «impedir que los niños usen la tecnología para jugar», no suena a sermón boomer, suena a pánico real: ¿y si ya no nos necesitan para imaginar?

Nostalgia: no es un refrito, es un espejo

Cumplimos 30 años desde 1995, y Pixar lo sabe. Vuelve Randy Newman a la música, pero por primera vez entra otra voz:  compuso «I Knew It, I Knew You» para Jessie, producida por Jack Antonoff. No es un cover de «You’ve Got a Friend in Me», es una respuesta generacional. 

La nostalgia aquí no está en los guiños (que los hay: Slinky, Hamm, Rex, Potato Head con nueva voz de Jeff Bergman). Está en la pregunta que no nos hacíamos en 1995: ¿qué pasa cuando el niño crece pero el juguete no quiere jubilarse? 

Jessie, que siempre fue la sobreviviente del abandono, ahora lidera. Eso cambia todo el tono. No es Woody aprendiendo a soltar, es Jessie aprendiendo a sostener un cuarto que ya no juega igual.

Lo que Epicenter aplaude

  El conflicto es actual sin ser panfleto. No hay discurso anti-tech, hay duelo. Lilypad no es villana de caricatura, es una tableta que hace bien su trabajo, y eso la hace más peligrosa. 

  La animación abraza la imperfección. Los juguetes se ven más gastados, más reales. Las pantallas brillan demasiado. Ese contraste es intencional.

  El doblaje latino entiende el contexto. Belinda como Lilypad funciona porque no la hace fría, la hace encantadora, como toda app que te atrapa.

Lo que rechina un poco

El ritmo del segundo acto se siente sobrecargado de cameos (hola, Keanu Reeves como Duke Caboom, Conan O’Brien como Smarty Pants). Y sí, la clasificación PG se nota: hay un par de chistes y una escena de «ansiedad de batería baja» que puede angustiar a los más pequeños. 

Veredicto Epicenter

Toy Story 5 no intenta ser Toy Story 3 otra vez. No busca hacerte llorar en la despedida, busca hacerte pensar en la pausa. Es una película sobre la modernidad que no odia la modernidad, y sobre la nostalgia que no se queda a vivir en el ático.

Si creciste con Woody, vas a salir del cine mirando tu teléfono distinto. Si eres Bonnie, vas a entender por qué tus papás guardan un vaquero polvoriento.

Para nosotros, que llevamos años programando noches de cine y eventos familiares, esta entrega es perfecta para una función intergeneracional: los de 40 recordarán, los de 8 preguntarán. Y ambos tendrán razón.

Calificación Epicenter: 4/5 – Imprescindible. No porque sea perfecta, sino porque llega justo cuando la conversación en casa es «un ratito más de tablet». Pixar no te da la respuesta, te devuelve el juguete a las manos.

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